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Gabriel Iván Barrera - Héctor Goyena - Norberto Pugliese - Enrique Wembagher - Miguel Castellino - Nicolás Eramo - Arnaldo L. Slaen
Conexión GRA |
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VIAJE A CHASCOMUS |
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En los últimos años, varios diexistas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y zonas circundantes, hemos buscado una alternativa para evitar los ruidos y las interferencias y poder practicar la escucha de la radio de una manera grata y con posibilidades concretas de encontrar nuevas emisoras distantes y poco potentes. En forma totalmente casual, a mediados de 1998, descubrimos a la ciudad de Chascomús, que, en forma inmediata, se convirtió en esa opción que estábamos buscando. Me di cuenta que el nombre de "Chascomús" se extendió rápidamente en foros y boletines diexistas de todo el mundo. Por eso, desde bastante tiempo, venía pensando en escribir una nota para transmitirles de qué manera se organizan y desarrollan las acampadas DX en esa localidad de la provincia de Buenos Aires. Para que mi relato sea más ajustado a la realidad, y hasta más pintoresco, prefiero citar los nombres comerciales de distintos negocios y establecimientos a los cuales concurrimos y que forman parte de una verdadera liturgia que hemos establecido para estos viajes. A solo 120 kms. en dirección sudeste de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, junto a la Ruta Nacional Número 2, está Chascomús, ciudad donde prevalecen los distintos tonos de verde, con sol y aire puro. Una auténtica oportunidad de encontrarse con la naturaleza y las buenas condiciones de recepción. Un lugar lleno de vida y a la vez apacible.
Enrique A. Wembagher - Arnaldo L. Slaen - Héctor Goyena - Nicolás Eramo - Miguel Castellino Aquí conviven casas antiguas, calles angostas, esquinas sin ochavas y, a orillas de la inmensa y bellísima laguna que forma parte integrante del sistema de Las Encadenadas, el visitante podrá vivir la aventura de los deportes náuticos, o la placentera calma de la pesca. En 1865 llega el Ferrocarril del Sud y de esta manera, Chascomús se transformo en "punta de rieles", hasta que tiempo más tarde la red ferroviaria continuó su traza hacia el sur. Y fue en 1873 cuando este pueblo de saladeros y barracas recibe del gobernador Acosta el título de "Ciudad". Ya en pleno siglo XX (1938) se abre al tráfico automotor la nueva ruta nacional número dos, que une la Capital Federal con Mar del Plata, con lo cual se contribuyó de manera decisiva al desarrollo del turismo y, año tras año, más gente se acerca en busca de tranquilidad, esparcimiento y especialmente a disfrutar de las bellezas naturales que ofrece Chascomús. También las industrias la eligen y dan a su población en crecimiento nuevas fuentes de trabajo. Productos de la industria metalúrgica, textiles, de la alimentación, etc, producidos y manufacturados en Chascomús, viajan hacia los mercados del mundo. Y en esos pagos bien gauchos, organizamos cada "DX-Camp". Estos eventos comienzan unos días antes de la partida, organizando precisamente a quiénes integrarán el grupo, los puntos de encuentro, los utensilios comunes a llevar, etc. Generalmente salimos los sábados muy temprano por la mañana e indefectiblemente, las charlas animadas, entre mate y mate, convierten el viaje en algo rápido y muy ameno. A mitad de camino ya ponemos en la radio del automóvil los 1520 Khz para escuchar a Radio Chascomús, que, ya desde la zona rural del partido de Berazategui, puede sintonizarse con buena señal en todo el trayecto. Así, en algo más de una hora y media, arribamos a destino. Lo primero que hacemos es pasar por el SuperChas, un minimercado que está a pocas cuadras de la plaza principal, frente al hospital local, para comprar una abundante cantidad de provisiones. Nunca faltan en nuestro "shack" los ricos vinos, el buen licor argentino (Legui) y, en las largas jornadas invernales, una reconfortante ginebra u otra bebida espirituosa. Desde allí, desandamos los ocho kilómetros finales hasta "Lo de Mandy". En efecto, las cabañas en las cuales nos establecemos, son propiedad de Mandy, un personaje increíble y antes que nada, un hombre buenísimo, a quien conocemos desde hace casi diez años pero de quien no sabemos su nombre real o apellido. Sólamente es………Mandy, quien, con su esposa, Noemí, administran este pequeño complejo de cabañas. Generalmente ocupamos la individualizada con el número "dos". Y ahí es el momento para bajar el equipaje y comenzar a montar la antena, bajo la atenta y por momentos inquietante mirada de los tres perros de la pareja: Deus, Patsy y Pacha, que a pesar de conocernos desde hace mucho y vernos seguido, nos ladran y olfatean como si fuese la primera vez.
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Cuando Enrique Wembagher es parte integrante de los viajes, lo relativo a la instalación de la antena está definitivamente solucionado ya que él se encarga de subirse a los techos, los árboles o a donde sea para buscar los mejores lugares de emplazamiento. El resto de nosotros lo ayuda……..mirándolo. Cuando Enrique no es de la partida, nos arreglamos como podemos o le pedimos una mano al propio Mandy. El paso siguiente es probar los receptores y darnos cuenta que no hay nada de ruidos en bandas donde tradicionalmente éste impera, como 120 o 60 metros. Y ahí sí, comenzamos a hacer nuestras primeras escuchas, generalmente de emisoras clandestinas. Al poco rato llega el mediodía y entonces es el momento oportuno para ir a almorzar a "Lo de Mirta", quien tiene su restaurante en la calle Libres del Sud, la más importante arteria comercial de la ciudad. Casi siempre, nuestro menú consiste en pastas y, como postre, la especialidad de la casa, el exquisito budín de pan con dulce de leche. Una delicia. Todos estos manjares bajan más rápido con el buen vino de mesa Toro, que se ha convertido en un clásico de nuestros viajes. Y, ya de vuelta en la cabaña, con el estómago pesado y algo de sueño, mientras algunos aprovechan para escuchar un poco de radio, deleitándose con las emisoras clandestinas que suelen escucharse entre las 1630 a 1800 UTC, todas con QRM 5 y QRN 5, otros se entregan a una reparadora siesta, para recibir descansados la larga jornada de escucha que nos espera. Y así pasan las horas y los párpados se caen y los ojos se cierran. Algunos van a la cama, donde caen rendidos a pesar de la luz encendida, los comentarios y las risas y otros se levantan, renovados luego de alguna hora o minutos de sueño. Y llegan entonces las primeras horas de la mañana local, donde sin mucho esfuerzo, emisoras de Papua Nueva Guinea, Indonesia y, más tarde, de los países andinos, nos envuelven con sus sonidos. El avance de la mañana va desvaneciendo estas señales y de a poco, el incentivo para seguir escuchando se va terminando, lo mismo que las hasta ese momento interminables ruedas de mate. Después del desayuno (invariablemente café con leche con medialunas que Mandy va a buscar temprano a lo del "facturero", como él se empecina en llamarlo) viene el desmontaje de las antenas y comenzamos a guardar los equipos y demás bártulos. Y acá se abren otras rutinas que el GRA ha incorporado en su liturgia chascomucense, como me gusta denominarla: una buena caminata matinal hasta las vías del tren del ferrocarril que va hacia el sur; o, como también se ha convertido en una costumbre, almorzar alguna pantagruélica comida preparada por el gourmet del GRA: Nicolás Eramo, quien nos sorprende con menús tan variados como un exótico "chopsuey" o un argentinísimo locro criollo. Después, vienen la despedida de Mandy y de su esposa (y, por supuesto de los tres perros) y el camino de vuelta a la Ciudad de Buenos Aires. Quien lleva su vehículo, acostumbre dejar en sus casas o lo más cerca posible de ellas a cada participante del viaje pero, hasta que ese momento llegue, con el infaltable mate como un integrante más del evento, comentamos las captaciones realizadas, mientras las voces del fútbol dominical se entremezclan con las nuestras y nuestra imaginación y nuestro pensamiento ya están preparando una nueva partida hacia "la Capital del Diexismo Argentino".
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